Camino del Rey Historia

A raíz de la construcción de la presa del Gaitanejo el número de trabajadores se fue incrementando, algunas familias vivían en las cuevas adaptadas de la zona del embalse como la de Frasquito Lucero o Paco de Encarnación, pero la gran mayoría residían en El Chorro y para llegar al trabajo nos les quedaba más remedio que transitar por la vías del ferrocarril.

Además en El Chorro estaban todos los servicios que se necesitaban: economatos, colegios para los niños, capillas, botiquín… Ante esto y siendo ambos saltos -Gaitanejo y Chorro- propiedad de la misma entidad, Rafael Benjumea (al que ya comienzan a llamar el “Ingeniero Poeta” por sus artísticas obras: paramento aguas abajo de la presa del Chorro realizado en mampostería de caliza rosa; visera en voladizo de la propia central del Gaitanejo con su mampara de cristal y ahora la pasarela del Desfiladero de los Gaitanes), estimó beneficioso para facilitar la comunicación entre ambos y de paso mejorar las condiciones de la vigilancia del canal, y tomando una primitiva idea de principios de siglo proyecta y realiza un camino para peatones, que permitiese al personal ir de un lado a otro con facilidad, adosado a las paredes del Desfiladero de los Gaitanes, primero por la margen derecha del río, para más tarde cruzar por el acueducto/puente de Rivera a la izquierda y desembocar en la vías del ferrocarril y desde estas bajar a la Central y a la aldea del Chorro.

La primitiva pasarela estaba realizada a base de unos tablones de madera apoyados entre sí por medio de unas vigas metálica incrustadas en la roca y atados con alambres de forma provisional, esta arrancaba cerca de la presa de derivación del canal del Salto del Chorro y se introducía un par de centeneras de metros, justo hasta la parte donde el canal salía por primera a la luz desde su entrada en pleno desfiladero del Gaitanejo a unos siete metros de la superficie del río.

Este fue, coincidiendo con la terminación de las obras del embalse del Gaitanejo en 1920, el origen de este voladizo o balconcillos, hoy por fin, en fase de rehabilitación y que se empezó a construir hacia 1918.

Esta pasarela parte a unos treinta metros sobre la presa de derivación del canal, mucho más arriba que la primera proyectada provisionalmente. La entrada a la senda que construyó a base de bobedillas de ladrillo, sobre las que se vertió varias capas de hormigón.

Encima de la losa resultante se alzaron unos pilares de ladrillo macizo para apoyo de una barandilla metálica, sobre estos pilares se levantaron barras de hierro de fundición en forma de arco de medio punto con uno de sus extremos incrustado en la roca dando al entorno un conjunto de gran belleza artística. Estos arcos acompañan al voladizo hasta que este baja, ya por terreno firme, por una escaleras de obra hasta el propio canal; desapareciendo en todo el resto de los Balconcillos de los Gaitanes.

Esta primera parte de la senda desemboca en el Tajo de las Palomas donde existe un puente que cruza todo el cañón, comunicando este con las vías del ferrocarril. Aquí existía una especie de apeadero para el transporte de materiales.

Este es el puente que lleva por nombre de la Cueva del Toro o del Tajo de las Palomas y no como quieren implantar algunos autores modernos bajo el falso nombre de “Puente del Rey”.

Este esbelto puente tiene una estructura de vigas de acero con un tablero de hormigón, bajo el cual existen unos tirantes de hierro tensados que aseguran su estabilidad. En la parte del puente que da a la vía del ferrocarril, existían unos bancos de obra a ambos lados de este, decorados con azulejos.

A la entrada del puente se encuentran unas compuertas para desarenar el canal así como una casita que era la que ocupaba Paco Cobo, uno de los últimos vigilantes del canal.

Siguiendo el Camino del Rey y dejado el puente de la Cueva del Toro a nuestra izquierda nos adentramos en el vertical Tajos de las Palomas, este nombre viene dado por la cantidad de palomas zuritas que anidaban en estos acantilados.

Tras el paso de este corto, pero no menos bello desfiladero, se abre un amplio valle que a modo de un “Sangri-La” aparece ante el excursionista.

Se trata del Hoyo o Valle de los Naranjos (entre los montañeros), un remanso donde el río traza suaves meandros antes de adentrarse de nuevo en el angosto cañón kárstico.

Ahora el trayecto se hace sobre terreno firme, el camino bordea por la margen derecha del río al pie de los impresionantes tajos del Almorchón por este hermoso y casi desconocido valle hasta la llegada del ferrocarril. Hacia la mediación están las ruinas de la que fue Casa del Hoyo, en ella vivieron la familia de los Lima.

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Ahora el Camino del Rey vuelve a ser en voladizo y recorre la pared norte del cerro Castillón de la Ermita (Cerro Cristo) y se adentra en el mismísimo Desfiladero de los Gaitanes; llega a la entrada del puente acueducto de Rivera.

Antes de cruzarlo existía en este lugar una caseta para la vigilancia del canal y que durante muchos años sirvió de refugio a montañeros y alpinistas que escalaba en la zona.

Cruzado el puente, los Balconcillos siguen adosados a la roca, bordean la pared del Tajo de los Gaitanes y desemboca en el puente de hierro de la vía férrea, junto al túnel número nueve.

Ya desde este lugar parte un camino que nos lleva a El Chorro.